El Convento de San Francisco de Segorbe

Francisco de Asís Aguilar y Serrat (1881-1899), nacido Manlleu, había sido profesor del seminario de Vic, director del Colegio Mayor Santo Tomás y el de Estudios Católicos en Madrid, además de rector del seminario de Córdoba. Fiel discípulo del ideario del padre Antonio María Claret, había promovido instituciones para la formación del clero y de catequistas, de enseñanza y de asistencia social. Impulsó siguiendo como ejemplo el modelo cordobés, fundaciones sociales como la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Segorbe, y creó la hermandad de sufragios del clero.

Muy inclinado a la escritura, el periodismo y la historia, comenzó la publicación del boletín eclesiástico de la diócesis (1881), aun en edición, e imprimió el Episcopologium Segobricense realizado en el siglo XVI por el obispo Pérez y Noticias de Segorbe y de su Obispado, obra esencial para el conocimiento de la historia de la diócesis. Redactó diversas cartas pastorales de consideración sobre liturgia, constitución de la Iglesia, indefectibilidad de la Iglesia, y el derecho de la Iglesia a opinar en la política.

Bajo su prelatura, en agosto de 1897, ofreció a fray Agustín Fortea, padre provincial de los franciscanos, así como al Venerable Definitorio, un grandioso edificio que había albergado una fábrica de sedas a las afueras de Segorbe, que él mismo había adquirido para establecimiento de esta orden, edificado en el solar que había ocupado el convento de capuchinos. El conjunto se ubicaba junto al hospital de la ciudad, casa de Misericordia realizada por el obispo Lorenzo Gómez de Haedo.

Aceptado el proyecto y determinada de manera oficial la vuelta de la orden a Segorbe, muy presente desde tiempos bajo medievales hasta la exclaustración, llegaron al convento los frailes el día 27 de febrero de 1898, encabezados por Francisco Orero, primer Superior de la nueva comunidad. La entrada en la ciudad de la orden fue recibida con verdadero entusiasmo por la población, asistiendo todas las autoridades civiles y religiosas. Los franciscanos se establecieron con grandes empeños apostólicos y las funciones que les encomendó el obispo fueron atender la iglesia de San Francisco, dar las misiones populares en la ciudad y en los pueblos, preparando a las parroquias para la Visita pastoral y, además, dedicarse a la enseñanza en la academia aneja al convento. La nueva etapa franciscana duró de 1898 a 1973, año en que se marchó la comunidad aunque siguieron atendiendo la iglesia hasta 1996.

Siendo necesaria adaptar la fábrica a la nueva función y la construcción de una iglesia, fue el 16 de mayo de 1899 cuando el obispo Aguilar colocó la primera piedra del templo, erigido junto al edificio preexistente, un monumental edificio de estilo neogótico, alzado en ladrillo, de una sola nave con ábside ochavado, bóveda de crucería con capillas entre contrafuertes y fachada a los pies, con torre de campanas. Para el fomento y dirección de los trabajos se nombró una junta patronal compuesta por el deán de la catedral, el rector del seminario y el párroco más antiguo de la ciudad. Aun sin concluir la obra de la nueva iglesia y fallecido el obispo Aguilar, ésta fue inaugurada y consagrada el 2 de agosto de 1901 por el nuevo prelado Manuel Cerero, celebrándose un tríduo y una misa de Requiem por los difuntos bienhechores del convento.

A partir de 1905 se fueron realizando los diversos retablos del templo con sus imágenes, que en las décadas siguientes fueron dorándose y policromándose a cargo de célebres artistas valencianos. En ese año se estableció en la Capilla de la Cueva Santa de la iglesia la Asociación de la Corte de María. Más tarde, en tiempos del obispo Luis Amigo (1913-1934) se realizaron importantes reformas en todo el recinto, adecuando las instalaciones.

El 5 de marzo de 1927 Marcelino Blasco, Vicario General de la diócesis y Presidente de la junta del Patronato de niños y jóvenes, manifestó al Padre Guardián las pretensiones del Sr. Obispo, de la Junta y de los padres de familia de Segorbe, de que los frailes se encargasen de la escuela de niños del Patronato y del Colegio de Segunda enseñanza, en él ubicado. Todo ello se aceptó el día 5 de mayo de ese año, cumpliendo el antiguo anhelo del obispo Aguilar de fijar una sede educativa religiosa en la ciudad de la mano de los frailes mendicantes.

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